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Alcances 2008 Make it funky! Con mas vocación de homenaje o de recuerdo que de un verdadero documento, el director Michael Murphy repasa, más con el corazón que con la cabeza, los nombres y los hombres (y mujeres) que han hecho de New Orleans una ciudad única musicalmente hablando. Desde los orígenes de su música más tradicional, en la esclavitud, pasando por las influencias de todo tipo que impregnan su música hasta llegar a los grandes nombres del siglo XX: Fats Domino, Earl Palmer y tantos otros. Los testimonios directos de los protagonistas se aderezan con fragmentos de un espectacular concierto homenaje celebrado en 2004, en el que, además de las grandes figuras (o más bien, los grandes músicos, pues aquí hablamos de música y no de negocio) de New Orleans, aparecen otros músicos como Keith Richards o Bonnie Rait, que se reconocen admiradores del sonido de esta ciudad y que, como tantos otros, son en parte deudores de la capacidad creadora que se respira en sus calles. En la parte más documental, podríamos destacar los testimonios de los músicos (ni que decir tiene que la mayoría de ellos son de raza negra) que relatan las dificultades que tuvieron para poder tocar en cualquier local por culpa del racismo. No olvidemos que New Orleans está en el profundo sur estadounidense. Amenazas, boicots e incluso atentados (con bomba, si) fueron sólo alguna de las penalidades que tuvieron que sufrir no solo los músicos negros que querían tocar su música, sino también aquellos locutores radiofónicos que sabían que aquella música era algo especial y deseaban programarla, pero que pronto comprendieron que si lo hacían peligraba su integridad, su trabajo e incluso su vida. Funk, Rock & Roll, Jazz, Rythm & Blues... todos estos géneros han nacido (o han crecido) gracias al especial espíritu que impregna a esta ciudad sureña. Y de todos ellos tenemos ejemplos en el documental. Pero a pesar de ello, los grandes músicos que aparecen en la cinta no son grandes divas de la música ni estrellas del rock ni, por supuesto, pop-stars. Son músicos humildes y sinceros que sienten muy profundamente lo que hacen y que, sobre todo, aman la música. Y eso se nota. Isaac Álvarez Lo mejor del corto
español. Programa 2. El primer corto de la sesión Banal, de David Planell, nos muestra una escena de conflicto familiar entre un padre separado y su hija adolescente, encuadrada en una discusión totalmente surrealista acerca de las vacaciones de la joven. La escena típica de conflicto generacional se desenfoca al incluirse en ese contexto de extrañamiento que provocan los destinos elegidos para las vacaciones (primera línea de Intifada), y aunque corre el peligro de caer en el ridículo, el guión consigue mantenerse en su sitio para ofrecer una escena sincera entre un padre agobiado por sus responsabilidades y una hija adolescente en plena edad del pavo. Salad days, de Gabriel Ochoa, también juega con el elemento fantástico-surrealista encuadrado en un contexto cotidiano, la relación entre dos empleadas de supermercado, una ya veterana y de vuelta de todo, y otra novata y desubicada. Pero aquí el resultado no parece tan brillante como en el anterior, y no consigue enganchar por completo al espectador. En Temporada 92-93, Alejandro Marzoa nos mete en la disyuntiva a la que se ven sometidos dos amigos aficionados al futbol que se ven agraciados con un premio en la quiniela gracias a un resultado que envía al equipo de sus amores a segunda división. El corto tiene momentos divertidos y está más que correctamente interpretado y dirigido, pero quizá le falte algo más de energía para enganchar al espectador, aunque fue el corto que más risas provocó en el público. Pero sin duda el mejor corto de la noche fue Mensajes de voz, de Fernando Franco, un corto que nos cuenta el fracasado intento de reconciliación de una pareja a través de imágenes con el fondo de los mensajes que recoge el contestador automático de la protagonista. Muy bueno técnicamente y con un guión muy trabajado, hay que destacar la brillante narración que consigue hacer comprensible toda la historia sin que exista en ningún momento un diálogo directo. Además, unas interpretaciones muy ajustadas consiguen transmitir las sensaciones que experimentan los personajes sin que los oigamos nunca hablar directamente. Realmente recomendable y posiblemente de lo mejor del programa de cortos de ficción. Isaac Álvarez Rufus Wainwright. All
I want. Posee una voz prodigiosa y de textura muy peculiar con la que crea melodías muy trabajadas que le dan un ambiente excepcional a sus composiciones, pero que lo alejan del gusto general del gran público. El documental nos adentra su vida desde su infancia, hijo de músicos reconocidos pero no excesivamente famosos que respira el ambiente artístico desde niño, pasando por los difíciles primeros años de carrera musical y sus escarceos con las drogas hasta llegar a una etapa de madurez donde, ya rehabilitado de sus adicciones, prosigue su carrera musical con trabajos cada vez de mayor calidad. La historia se completa con la opinión de colegas de profesión, que se centran sobre todo en el aspecto musical, y los testimonios de familia y amigos, que nos esbozan más la parte humana del artista, aparte del testimonio del propio Rufus. Es un documental sencillo pero sincero, con el hombre detrás del artista reconociendo sin tapujos sus fallos y sus aciertos, su declarada homosexualidad y sus escarceos con las drogas y el ambiente más frivolo del negocio de la música. Su ajustada duración y la ocasional aparición de fragmentos de actuaciones del artista hacen de éste un documental idóneo para conocer su figura. Tiene su aquél el hecho de que la mayoría de los músicos que aportan su opinión (Scissor sisters, Neil Tennant, Elton John) sean artistas que, como el que nos ocupa, han reconocido abiertamente su homosexualidad o, por lo menos, ostentan una clara ambigüedad sexual clara (solamente Sting escapa a esta clasificación). En definitiva, un documental recomendable tanto para acercarse a la figura de Rufus Wainwright, (aunque para eso sea más recomendable todavía escuchar alguno de sus trabajos) como para que quien ya los conozca, se adentre en la personalidad de este artista de propuesta peculiar pero indudablemente poseedora de una calidad fuera de lo común. Isaac Álvarez Lo mejor del corto
español: Programa 1 Isaac Álvarez Concuso de cortos:
Programa 1 Isaac Álvarez Tebraa, retratos de
mujeres saharauis Ante todo este es un documental de mujeres hecho por mujeres, dividido en 10 pequeños fragmentos. Por ello, y con independencia de la situación social del Sáhara, cuestión de no poca importancia en el desarrollo del documental, sobre todo en su segunda mitad, la mirada de las cineastas no se posa solamente en el drama de la ocupación y del exilio, sino también en la concepción de la vida y en las aspiraciones personales de cada mujer que aparece en el relato; un ejemplo de ello es el tercer fragmento del documental, Zainabu y Zaina, donde vemos a dos jóvenes con dos ideas de futuro bien diferentes: una quiere casarse y vivir allí, y la otra sueña con ser cantante ("como Shakira") y recorrer el mundo, sin darle demasiada importancia a la posibilidad del matrimonio. Otro tema de importancia es el de la acogida
de niños: Sukaina Brahi, la niña saharaui "con dos mamás", una biológica en
el Sáhara y otra de acogida en España, añorada por sus dos madres cuando no está con
ellas y que sueña con poder tener su jaima al lado de la piscina. Más complejo es el
caso de Fatma Omar Boukhari, mujer sordomuda residente en Sevilla, que llegó a España
para tratar de superar su minusvalía y que, pese a conocer sus orígenes y a su madre
saharaui, no desea regresar pues es consciente de que allí se limitaría a ser "una
máquina de tener hijos". Estos dos fragmentos contienen momentos realmente
emocionantes pero, como en toda la película, se echa de menos una mayor profundidad y
desarrollo del tema, a todas luces imposible en tan corto espacio de tiempo. También estremecedora es la historia de Fatma y Mamia Salek, recluidas durante 16 años en la carcel, donde fueron testigo de la muerte de sus padres y de donde pudieron salir solamente gracias a la presión de organizaciones internacionales. Su asilo político en Canarias les ha dado tranquilidad pero no les ha hecho olvidar la pena por sus padres ni el sufrimiento que han padecido. Por último, el fragmento que cierra el documental está dedicado a Aminetu Haidar, activista saharaui encarcelada durante 11 años, torturada y maltratada, dedicada en cuerpo y alma a hacer escuchar la voz de su pueblo. A pesar de su historia, es especialmente emocionante una escena de su llegada a Sevilla en avión, recibida por una multitud que corea su nombre y donde vemos a una mujer tímida y abrumada por tal recibimiento. Aminetu responde directamente a preguntas acerca de su pueblo y su lucha ("Lucho para quitar el miedo del corazón de mi pueblo"), pero también condena el ostracismo al que el resto del mundo les condena ("Los árabes no conocen al pueblo saharaui") sin olvidarse de España, el país que les abandonó a su suerte al abandonar la colonia en manos de Marruecos sin preocuparse lo más mínimo por su destino, aunque reconoce la solidaridad que ha sentido por parte del pueblo español con la causa de los suyos (que al finalizar la sesión se vió reflejada en la cerrada ovación que recibieron las protagonistas del documental que estaban presentes en el Teatro Falla). Tebraa es ante todo un reconocimiento a las mujeres valientes, a las mujeres que luchan y sufren pero también sueñan y desean, a las que aspiran a la felicidad y a las que no se dejan doblegar por su sino. A pesar de sus altibajos, por otra parte normales dada la escasa duración de los fragmentos y la variedad de realizadoras, es un documental que transmite su mensaje de manera eficaz y que contiene algunos momentos en los cuales logra emocionar sin caer en la ñoñería. Isaac Álvarez |
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