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Diputación Provincial de Cádiz
Fundación Provincial de Cultura
SALA RIVADAVIA

Gonzalo Sicre - El Museo Vacío

     

    

El Museo Vacío

Ramón Burcet

         
        

 

El museo vacío. ¿Vacío por qué?. ¿Por qué estaba lleno y lo vaciaron?. ¿Por qué nunca tuvo nada?. Las preguntas golpeaban mis sienes hasta que me despojé de ellas abandonando incluso los pensamientos y crucé el umbral.

Las líneas y las sombras se adueñaron de los sentidos mientras una brisa inexistente, pintada, me hacía creer que era acariciado.

Los visitantes de un no sé dónde aparecieron paseando por las terrazas disfrutando del mismo viento, pero mientras sus ropas bailaban entre las olas de Eolo las mías permanecían quietas, aún cuando ellos eran la pintura.

Sin elevar la mirada, pues todos los paisajes ocupaban mi horizonte, observé los cielos cuajados de espuma gris. Nubes. Techo de nubes. Suelo del éter.

Puntos. Claridades. Reflejos opacos. Aristas de un tiempo insultantemente presente. Y el placer de la monotonía en la contemplación del tedio.

Alguien a lo lejos juega a que su sombra se afirme perpendicular a las curvas. Como la manecilla de un reloj.

¿Y las horas?. ¿Dónde están las horas aquí dentro?. ¡No hay ni minutos!.

El visitante solitario (tal vez porque perdió a su grupo, tal vez porque vino solo), soporta estático el peso de su bolsa frente al retrato de la luz.

¿Es el único amanecer o el atardecer tardío?.

- ¿Está enmarcado?. - me pregunta sin volverse.

Observo la silueta contrastada. Adivino una cámara entre sus manos.

¿Querrá fotografiar el brillo de un cuadro al que pertenece?.

- ¡Sólo Gonzalo sabe dibujarlo!. - respondo ...

... escapando hacia las salas de columnas que esperan desde siempre ser abrazadas, a los banco solitarios que guardianes en forma de farolas vigilan con tímidas luces.

La escalera no lleva al cielo, y la luz de neón es menos importante que su reflejo sobre la pared vestida de ocres. Todo es un retrato del camino cotidiano que te lleva a casa, la belleza olvidada por repetida. Los paisajes despreciados por simples, por iguales, por encerrados.

Desciendo, bajo, subo y me detengo. ¿Está vacío o está lleno?.

Silbo. El eco de mis cuerdas vocales no rebota en ningún rincón.

¿Tampoco sonidos?.

El reflejo cálido de un cristal rectangular habla desde un pasillo flanqueado por cuartos cerrados. Secretos guardados.

Detrás está el exterior.

Suelo negro, cuadrado de luz. ¿Un poema?. ¿Y el poeta?.

¿Será ese Ángel vestido de oscuro que oculta la mirada escondido en los contraluces?.

Cuando termine mi paseo tendré que preguntarme por el origen de la placidez que embarga mis sentidos. No sabré la fecha de entrada, y mucho menos la de salida.

¿Vacío del todo?. ¿Hasta de tiempo?.

Pero las respuestas están escondidas en los limpios trazos de las telas.