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Diputación Provincial de Cádiz
Fundación Provincial de Cultura
SALA RIVADAVIA

Animalversión - Luis Quintero

     

    

"L'uomo son lo che ride"

Manuel Caballero

         
      

 

La primera idea que nos sugirió la contemplación de estas nuevas obras de Luis Quintero fue la de una kunstkamer. Fueron, en efecto, aquellas "cámaras artísticas" donde algunos príncipes centroeuropeos del S. XVI hicieron acopio de los más variado y heteróclitos objetos, artísticos, singulares, raros y curiosos (1). Bástenos recordar la de Fernando del Tirol, en Ambras y la de Rodolfo II en Praga. Sin embargo un sustrato común parecía aunar tal cúmulo de disparidades, y era precisamente el gusto, en lo formal, por una elaboración minuciosa y en otro sentido el amor por lo extraño y complicado, lo que es de peregrina belleza y lo paradójico, lo humorístico y lo exótico.

Algo de todo ello, como arriba apuntábamos, nos sugerían estas obras ahora expuestas. Si bien en ellas advertimos una mayor desnudez formal en relación con otras anteriores, continúan conservando ese toque de objeto único muy entroncado con el Geisteszustand manierista (2) antes aludido.

Sobre esta base, Quintero fabrica un laberinto. Estas pinturas y esculturas proponen cada una un enigma que el espectador ha de resolver. Superada la primera atracción estética, que es poderosa, hay que iniciar el camino de un juego. La Quinta Esencia de la obra se oculta bajo dos disfraces: uno de ellos es su propio título, el otro es el acróstico que las acompaña. La escritura y la imagen quedan así indisolublemente unidas. En cuanto a esto, no sería ocioso señalar el parentesco que existe, si no en la forma, sí en el fondo entre estas obras y aquellas otras miniaturas medievales, los Beatos mozárabes, en las que el iluminador detalla junto a la escena pintada una leyenda explicativa.

El doble sentido, patente ya desde el título de la exposición, los juegos de palabras, los conceptos enfrentados sin solución de continuidad, los acrósticos, esa delectación en el juego a la vez sofisticado y exigidor de una auténtica gimnasia mental (como por otra parte tiene que exigir toda obra de arte verdadero, recordemos el aforismo leonardiano: el arte es cosa mental), gimnasia del pensamiento, repetimos, que es tambén y a menudo necesaria para conversar con Quintero - quienes lo conocemos largamente, sabemos bien cuánto gusta al artista de inundar su charla habitual no ya de dobles sino de cuádruples sentidos y juegos de palabras -, toda esa maquinaria plástica y literaria sirve al artista para constatarnos una visión especialmente sarcástica del mundo. El laberinto, pues, conduce al desengaño o más cabalmente (3) la mentalidad laberíntica encierra en sí una especie de defensa a la vez eufórica y melancólica ante lo fiero y absurdo de la humana sociedad.

Como en un Bestiario Moralizado, Quintero, se vale de la imagen animal para visualizar las ideas: cerda, camaleón, rata, tortuga, liebre, sapo, caracol marino, cangrejo ermitaño, oruga, mariposa, flamenco, erizo de mar, mono, lagarto, papagayo, etc... retratados con precisión naturalista, conviven por otra parte con artefactos creados igualmente con ese sentido de lo singular y peregrino antes aludido.

Detengámonos, siquiera brevemente, en dos obras. La primera se titula "Cajavara", (de caja y avara). Es una caja panóptica cública, policromada de rojo, amarillo, verde y azul - que son los colores del parchís - en cuyo interio, recubierto de espejos, pende una bola del mundo, sostenida por hilos de oro. Los espejos ofrecen una imagen infinita del orbe, transformándolo así en todos los mundos posibles. El acróstico que correspone es: "A Vuestro Animo Remedo Indolete Cuando Insistís Abriéndome", que forma la palabra AVARICIA. Hasta aquí el mejor o fingido regalo para un avaro. Pero el propio artefacto es a la vez una advertencia contra sí mismo. El espectador curioso verá pintada sobre la superficie exterior de la caja una cuerda que se rompe al pasar sobre la cartela que ostenta el acróstico: la avaricia rompe la cuerda que guarda su propio botín. Dicho de forma popular: La avaricia rompe el saco.

La otra obra que deseamos comentar es una cerda de terracota en cuyo lomo se abre un coño, al modo de las ranuras en las huchas infantiles. Su acróstico es: "Para Unir Tus Ahorros", es decir PUTA. Curiosamente vemos aquí la unión, sin solución de continuidad de enfrentados conceptos apuntada más arriba: lo popular, lo sarcástico, si queremos hasta lo soez del tema está expresado con una finura y delicadeza de ejecución sorprendentes. Es decir que se unen en ella misma la forma "culta" de representar una cerda con un pensamiento extraído de la sabiduría popular, al modo de como se representaban en la pintura flamenca del S. XVII los refranes aldeanos.

Finalmente no queríamos finalizar estas breves líneas sin referisrnos a la única obra, digamos amable de toda la exposición. Es el retrato de la joven amada, un precioso busto de terracota cuyo título es "En tu nombre". Su acróstico es: "Mira Este Retrato Como Estela De Ella Siempre", es decir Mercedes.

Artificios, animales y personas, pues, como ídolos que aparecen en los recodos de un laberinto tan extenso como la vida.

(1) SCHLOSSER, Julius Von: "Las cámaras artísticas y maravillosas del Renacimiento tardio", Madrid, Akal, 1988.

(2) HOFMANN, Werner: "Zauber der Medusa: Europäische Manierismen", Viena, Wiener Festwochen, 1987

(3) ARACIL, Alfredo: "Juego y artificio", Madrid, Cátedra, 1998.