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Diputación Provincial de Cádiz |
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Introducción
Rafael Román Guerrero |
La exposición que el artista gaditano Luis Quintero trae hasta la Sala Rivadavia es una especie de puerta abierta a un mundo de cuentos de hadas. Una hucha que no es una hucha, una tortuga que se afana en terminar una carrera que nunca ganará, el esqueleto de un camaleón, que, evidentemente, encierra mucho más que un simple montón de huesos; hasta un sapo que no sabemos si sueña con convertirse en príncipe azul de alguna imaginaria princesa nos sale al encuentro entre las diáfanas paredes de esta sala de exposiciones. Si esto no fuera suficiente, si acaso estas imágenes de animales no hablasen por si solas, que sí que lo hacen, Luis Quintero las entremezcla con el lenguaje de los hombres y crea un juego fantástico, divertido en ocasiones y enriquecedor siempre, en el que el observador puede recrearse y tratar de descubrir qué esconden esas frases que atraviesan las obras de lado a lado. Hay quien opina que una imagen vale más que mil palabras, pero cuando la labor de un artista como Quintero consigue unificar imagen y palabra en un mismo soporte, ambos elementos cobran una nueva dimensión y nos parece, desde ese preciso momento, que nunca jamás podrán existir el uno sin el otro. Cada una de las obras de esta exposición es una invitación por sí misma, pero no por ello quiero dejar de invitarles a que como visitantes, como jugadores necesarios de este juego sugerido, pasen al interior y las disfruten plenamente.
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