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Diputación Provincial de Cádiz |
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"El Baile
de los Malditos"
Pedro Alfageme Ruano |
No sabría a ciencia cierta, si se diera el caso y la explicación, en calidad de qué, bajo qué aspecto o significado del término maldito estamos invitados los participantes a este peculiar "baile". Desde luego no existe perversidad, ni mucho menos, en los objetivos ni malas intenciones o dañadas costumbres, que yo sepa, en cualquiera de aquellos que pusieron su granito de arena en el proyecto: todo lo contrario ..., que yo sepa. Tampoco tengo noticia de que ninguno estemos condenados o castigados de forma especial por la justicia divina, a no ser de la forma habitual u original, que últimamente y dados los acontecimientos bélicos recientes, parece más evidente, incluso dañina, repugnante y trágicamente evidente. También maldito puede significar de mala calidad, ruin o miserable: que nadie se dé por aludido, porque, y aunque parezca una paradoja, tampoco es lo más importante. En el arte contemporáneo y/o emergente muchos vamos buscando no la calidad formal o técnica del artesano o del copista, cualidad en todo caso nada despreciable y muy a tener en cuenta, sino la actitud consecuente, dinámica y "creativa", el equilibrio entre técnica y planteamientos conceptuales, la calidad humana, en definitiva artística, del "producto". No se lleven ustedes a engaño, que no es oro todo lo que reluce, que las apariencias engañan, que, en definitiva, los mejores resultados casi siempre proceden directamente del corazón; a veces no tan directamente, también es verdad. Al final, el espectador tiene la última palabra también en este sentido, que tampoco es tan difícil: se ven con los ojos. Dadas las circunstancias, el término es utilizado para la persona o cosa que molesta o desagrada. Aquí he de decir que no he sentido en ninguno de los jóvenes artistas ese ánimo transgresor, tan especial y determinante, que transmite a la obra cualidades o características de malditísimo. Deben ser las ironías del destino, los avatares de los nuevos tiempos que corren, tan dados al mercantilismo y el adocenamiento, pero que ahora, en este baile especial y deseado, no tienen cabida. Precisamente se trata de todo lo contrario: gente joven por lo general no inmersa, al menos todavía, en los intereses de la industria de los objetos de arte, raquítica y con futuro incierto por estos lares, es verdad, pero existente y en cierta forma influyente a pesar de su carácter minoritario e "ilustrado". También son jóvenes gaditanos, por nacimiento en todos los casos, que luchan, cada uno en su parcela del arte libremente escogida, por huir de la vulgaridad o el anquilosamiento y por encontrar a través del trabajo cotidiano un lugar con identidad propia, meta que nunca se acaba, verdaderamente difícil, pero apasionante. Y es que cuando se trata de los sentimientos intensos, surge la chispa, esa mijita de calor imprescindible en cualquiera de los casos para que el planteamiento y los objetivos de un proyecto sea creíble, se acerque al espectador con los mínimos necesarios para que sea atendido como se merece, y aquí desde luego que sí, la atmósfera que determina y se impone es la de la autenticidad, con toda la carga contradictoria, siempre positiva, que pueda llevar consigo. Pero es que es participio pasado irregular del verbo maldecir, substantivado o no, cuando va antepuesto a un nombre, generalmente precedido por el artículo, equivale a ninguno. O sea, nos invitaron "al baile de los malditos" (estupendo, pero quizás un tanto impreciso, demasiado convencional), que si fuera nos invitaron a "maldito baile", por obra y gracia de la voluntad, creadora o no, se convertiría en todo un lema cargado de en este caso sarcasmo y heterodoxia, ¿no?. Bueno, el caso es que no hay baile (¿o sí?), ni tampoco estamos condenados (especialmente, ni tenemos ganas de fastidiar a nadie, ni tienen malas intenciones o son perversos, así que ese ninguno puede ser una seña de identidad:ningún baile, el baile de los ningunos. Pero ¿por qué?. Quizás porque no los dejan, quizás porque los desean, quizás, incluso, porque ese nuevo estado del alma dentro del arte contemporáneo de Andalucía, el de la "ningunidad", sea el único posible seguro que algo positivo tendrá. En principio y sin que sirva de explicación, sino de base de datos, los presentes, los "malditos", ninguno-todos, exponen sus obras de la mejor forma posible: después de un planteamiento en el que el sentido de la colectividad ha estado en todo momento conviviendo amistosamente con el particular, tan legítimo y necesario en estos casos. El grupo, que no existe en la realidad, pero que ustedes son capaces de apreciar, seguro, porque lo ven, se reúne bajo el común denominador de por un lado la juventud (a pesar de algunos "rezagados" a finales de la década de los cincuenta), y por otro las intenciones creativas en el amplio mundo actual de las artes plásticas, incluida la fotografía o nuevas técnicas relacionadas con ella. Varios de ellos tienen formación académica en sus respectivas especialidades, bien en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, bien en las ya desaparecidas escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, pero en todos los casos la conciencia de autodidactismo, de siempre estar iniciando el camino, del trabajo diario como la mejor forma de encontrar y reflexionar sobre la realidad, es imperante, y no podía ser de otra forma cuando se tiene todo un largo recorrido por delante, cuando las ganas-pasión han de ser controladas por el rigor, cuando la técnica es una herramienta que ha de manejarse a veces de forma tímida, otras con más decisión, día a día, pieza a pieza. Están (y son) exactamente once personas; en ningún caso las únicas, ni mucho menos, ya que existen otras muchas (la sala y la información que se maneja son factores determinantes en este caso y en otros similares): en ningún momento el proyecto pretende tener ánimo excluyente y sí de continuidad, como es lógico esperar. Entre las influencias generales más detectables se encuentra sin lugar a dudas la del Arte Pop, que deja sus huellas bien de forma implícita, bien de manera evidente, como es el caso de la obra del gaditano de la Tacita de Plata Fernando Bastida, nacido en 1959, o la del roteño de 1968 conocido como Lokati, preocupado por insertar en la contemporaneidad de forma irónica los valores ancestrales y culturales del campesinado de su ciudad de origen, allí denominados mayetos. Licenciados en Diseño Gráfico y Grabado están Lola Bernal (San Fernando, 1968) y Enrique Crespo Laínez, Quique Crespo (Jerez de la Frontera, 1970), en cuyas obras se aprecia de forma muy diferente incluso en el soporte, el valor simbólico añadido al objeto, que suele descontextualizarse en el caso de la isleña de forma conceptual y en el jerezano como parte de un lenguaje más complejo en cuanto a la interrelación de los elementos de sus paisajes. De las escuelas de Artes y Oficio proceden Vicente Esteban (Cádiz, 1972), que presenta dos piezas en las que la determinación del objeto encontrado o preexistente resuelve airosamente el mensaje intencionado de la obra, y Alberto Martínez Ceballos, sanroqueño nacido en 1970, interesado por el valor intrínseco de la materia y el color, José Ángel González (Cádiz, 1959) parece interesarse por comunicar al objeto industrial o producido en serie un nuevo contexto de expresión en el que las identidades queden trastocadas. Enrique Marín de la Flor, Kike Marín (Cádiz, 1959) busca con sus instalaciones, en las que la luz eléctrica juega un papel esencial, modificar el comportamiento, las formas de apreciación del objeto artístico y su posterior ensamble con la vida cotidiana. Santiago Navarro (San Fernando, 1970), también licenciado en Bellas Artes y residente en Sevilla, investiga las posibilidades de en cierto sentido nuevos materiales como el lino en una obra que es escultura y pintura al mismo tiempo. También de La Isla es Lucía Vila que, nacida en 1963, se siente fascinada por la estética medieval, quizás no sólo aparente, y busca, como antaño, pero desde su colectivo Cuatro de Picas, fundado en 1989, el equilibrio entre la identidad de sus objetos (la cerámica no es el material escogido en esta ocasión), como arte y al mismo tiempo como objetos utilitarios. Finaliza la nómina de participantes en este original, un tanto descabellado baile Paco Medina (Arcos de la Frontera, 1966), que licenciado en Escultura, no deja de insistir en los valores ocultos, pero tan fáciles de apreciar o adquirir, de la naturaleza, a la que gusta incluir de ofrma viva, en cierta forma efímera, en sus trabajos: una doble intencionalida que tiene que ver con la reivindicación del intelectualismo más sencillo y natural. |
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