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Diputación Provincial de Cádiz |
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Moderna Ternura
Fauve
Juan F. Lacomba |
| A pesar de su sonoro y cromático nombre de pintor gaditano, Lolo Pavón sabe que la modernidad nos posee, con su aporte enorme de soluciones, supuestos y conocimientos: formas concretas, colores radiantes, espacios imbricados o simultáneos, todo en un mismo territorio. Signos, atomización y superficie, figuras fragmentadas o disueltas, metáforas imprevistas y juegos sutiles, insospechados. Sensaciones equívocas a la vez que evidentes. Toda una acumulación de sentidos que hace feliz a la vez que incierta, vertiginosa y rica la existencia. Sabe también Lolo Pavón de un mirar totalizador, casi de primitivo, mágico, que puede al mismo tiempo observar algún detalle y aproximarse a las cosas; mirar que hace del ojo, un instrumento escrutador de las sensaciones, de las partes y de las voluntades; también de lo fragmentario: partes que se ensamblan a su vez, como piezas de un mecano, lúcido, pero a la vez incomprensible del mundo. Y es que Lolo Pavón tiene, desde su papel asimilado de individuo, la aspiración de ser un artista que, desde su propio punto de vista, quiere abarcar la totalidad del mundo y su representación. Por eso su pintura tiene algo de juicio moral, algo de aquellas escenas envolventes y globalizadoras, de una cosmovisión y representación moral de las cosas y las acciones que lo constituyen y lo integran. De ahí también su posible medievalismo y su expresión enciclopedista, de la diversidad de referencias o símbolos. Tal vez a ello sea debido también su intento caricatural, más acá del adefesio o el esperpento, en aras siempre de la expresión, porque en la pintura de Lolo Pavón existe siempre un sentido de luz bondadosa, que ilumina El Faro de la alegría, que impregna su obra de una Ternura moderna. Pintura, la de Lolo Pavón, siempre poseída de un intencionado ingenuismo, unas veces evidente, casi de ilustrador, otras cómplice, sabiéndose inteligente y conocedor, de los placeres y de las travesuras de la vida, también de las veleidades y de la debilidad humana. Sabiéndose en definitiva; sin olvidarse de que lo más humano del hombre, su rasgo mas característico, es saberse digno de tener, de poseer sentimientos; también deseos, por pueriles que sean. Los sentimientos como único motor artístico -también los sueños-, como único punto de partida y final, de la emoción, de la comunicación. Siempre buscando interpares, deseando expresar, con la intención de un sabio, la expresiva dulzura de un niño. Pero no por ello Lolo Pavón deja de poseer una lógica, no estrictamente cartesiana, ni existencial. Frecuentemente roza la ironía, pero siempre con bondad. Su mirada de diablo bueno no tiene la acritud de un Grosz, ni el automatismo de los humanoides de Steimberg, o la perplejidad de la lógica inventiva y libre de Lewis Carroll, con quienes habita, con todos ellos, en La casa Rota (de los sentidos): narices, bocas oídos, manos, ojos, ... que de cuando en cuando, al igual que nuestros corazones, dejan caer una que otra (roja, encarnada, azul o transparente ) lágrima. Gracias a la pintura, y a pesar de que Todos mienten y que La vida es un deporte muy duro, siempre en las pinturas de Lolo Pavón habrá poesía.
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