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La creación plástica contemporánea, aún con sus
infinitos desarrollos plásticos y con sus desenlaces imprevisibles donde han tenido
cabida los más inesperados sucesos, ha manifestado el problema de la ezcesiva igualdad,
los autores han puesto demasiado empeño en continuar por
rutas conocidas antes que adentrarse por el riesgo de lo auténticamente novedoso y
particular. Pocas situaciones verdaderamente rompedoras han hecho fortuna en un arte
tremendamente igual. Y, con esto, no me refiero sólo a las posiciones estéticas,
manifestaciones más o menos
interesadas de la filosofía que marcan los intereses de los tiempos, sino, también - y
ahí está el auténtico problema - la idéntica realidad de una plástica lineal donde no
sucede, casi nunca, ninguna circunstancia digna de tenerse en cuenta, ni, siquiera, algún
desarrollo que suponga el
encuentro inesperado con una nueva forma de actuación.
Siempre me ha interesado la obra de José Antonio Chanivet. Aparte de sus bondades
artísticas, de su buena estructuración conceptual, de su compacto sistema
representativo, el pintor gaditano ha dado muestras de una privilegiada capacidad
plástica donde los asuntos materiales desempeñaban toda su infinita potestad
diferenciadora. Estos son producto de una concienzuda ejercitación matérica que le
permite desentrañar los complejos modos de la forma estética.
No cabe duda que su formación - Licenciado en Bellas Artes en la rama de Restauración -
le ha hecho, no sólo, conocedor exacto de la naturaleza plástica, sino también le ha
permitido enfrentarse a los elementos con una disposición distinta a la del simple
artista que manipula la
materia. Y es que José Antonio Chanivet tiene muy claro que el resultado final de una
obra debe estar apoyado por un proceso adecuado que relacione sin desvirtuaciones
compositivas extrañas el fondo y la forma. Por eso en toda su obra hay minuciosidad
plástica, un dominio del
elemento conformante que posibilita una obra estricta en cuanto al concepto y agradable y
elegante en su estructura externa.
El trabajo de este artista siempre ha manifestado un interés creciente por dotar a la
imagen de un valor añadido al de su propia conformación semántica. Se trata de dar
sentido plástico y conceptual a una forma extraída de una realidad inmediata para
posicionarla en un nuevo
entramado significante. El manejo de esta realidad, vinculada con un entorno
entrañablemente cotidiano, plantea al autor la necesidad de nuevas posiciones donde
situar su poderoso patrimonio plástico. Simples objetos extraídos del recipiente sin
fondo de la memoria, juguetes
infantiles que vuelven a poseer la identidad que marca una nueva circunstancia, ahora con
el protagonismo del pequeño hijo del artista como feliz punto de inflexión, dejan su
pasiva posición y retoma una realidad con nuevas perspectivas.
Este artista nacido en Puerto Real maneja sin concesiones la figuración, deja en suspenso
su realidad inmediata y busca una identidad expresiva alejada, por completo, de su normal
desarrollo. Pero para no dejar un resquicio por donde entre la duda representativa,
Chanivet busca el apoyo consciente de una perfecta y distante escenografía mediante la
fórmula de un fondo pictórico, apenas presentido, que desarrolla toda una ambientación
de ambiguas formulaciones. Todo ello situado en los arbitrarios medios de una plástica
resinosa que configura unos desarrollos materiales aparentemente imprevisibles, donde el
artista manipula sucintamente el conjunto y deja abiertas las compuertas de lo inesperado
para
que por ellas entren los inquietantes aires de la emoción.
La obra de José Antonio Chanivet es un bello canto a la diversidad de una plástica en
expansión; la puesta en escena de una imagen diferenciadora que permite los más
insospechados encuentros, el patrimonio de una materia que ofrece infinitas posibilidades.
Esta exposición - de nuevo Cádiz y La Línea en feliz ceremonia oficiada por la suprema
sabiduría artística de Manolo Alés - supone el paso adelante de un artista que conjuga
a la perfección el difícil concepto del equilibrio entre una forma plena de sentido
plástico y un fondo
diversificador donde adquiere potestad absoluta una imagen con sus infinitas fórmulas
identificativas.
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